Antecedentes del sabotaje eléctrico
Este
accionar de Washington ya lo había sufrido Venezuela tras el golpe de
abril de 2002, cuando durante el llamado golpe-paro petrolero (diciembre
de 2002 a febrero de 2003 desde Miami la empresa Intesa, que
monopolizaba el “cerebro”, se manipuló el sistema que regía toda el área
operativa de la estatal petrolera Pdvsa, que fue recuperado por
expertos en software u hackers venezolanos.
BBC Mundo recuerda
que en enero de 2010, los inspectores de la Agencia Internacional de
Energía Atómica que visitaban una planta nuclear en Natanz, Irán,
notaron con desconcierto que las centrifugadoras usadas para enriquecer
uranio estaban fallando. El fenómeno se repitió cinco meses después en
el país, pero esta vez los expertos pudieron detectar la causa: un
malicioso virus informático, Stuxnet, diseñado con una mentalidad
bélica, había tomado el control de mil máquinas que participaban en la
producción de materiales nucleares y les dio instrucciones de
autodestruirse.
Esa fue la primera vez que un ataque cibernético
logró dañar la infraestructura del "mundo real". Pero el 23 de diciembre
de 2015, alrededor de la mitad de los hogares en la región ucraniana de
Ivano-Frankivsk (1,4 millones de habitantes) quedaron sin electricidad
durante horas, a causa de un “virus”(BlackEnergy) utilizado en un ataque
de hackers.
Extracto del siguiente artículo:
Caos y sabotajes contra el pueblo, la nueva hoja de ruta de la agresión de EE.UU.
CLAE / Rebelión
Tienen razón las autoridades venezolanas de
dudar de las matrices emitidas desde Washington y promocionadas por los
grandes medios de comunicación, que suavizarían la agresión y los planes
de injerencia de EE.UU. en el país, con una nueva “hoja de ruta” que,
sin embargo, incluyó un ataque cibernético contra la estructura
energética, extendiendo la oscuridad a lo largo y ancho del territorio,
sobre las ciudades y el campo.
No solo fue un apagón: éste tiene
sus secuelas en la creación de un clima de inseguridad general e incluso
de indefensión; el corte de expendio de gasolina con el colapso del
transporte colectivo e individual, el bombeo del agua corriente, la
caída de las comunicaciones, incluyendo el internet y la televisión, el
control aéreo.., y la muerte de decenas de hospitalizados por
imposibilidad de operarlos o aplicarles diálisis. ¿De esto se trata la
“ayuda humanitaria”?
Y el imaginario colectivo no olvida que en
2016, cuando la oposición pidió amnistía para los presos por el terror
callejero, incluyeron a aquellos que participaron en el sabotaje
energético y eléctrico. Ningún dirigente opositor ni la llamada
“comunidad internacional de la que habla Washington y sus cómplices del
Grupo de Lima condenaron el sabotaje, ni entonces ni ahora.
Con
apagón incluido, militantes bolivarianos salieron a la calle a protestar
por este nuevo ataque criminal También la oposición, midiendo fuerzas
en sendas marchas. Con un megáfono y desde una camioneta, Juan Guaidó
reiteró que está dispuesto a usar la acción de una fuerza extranjera
para deponer a Maduro. "¡Intervención!", vociferó parte de sus
seguidores, a lo que contestó con una frase amenazante de su mandante,
el presidente Donald Trump: "Todas las opciones están sobre la mesa".
El
efecto de Guaidó entre sus seguidores que pedían “intervención” tras el
fracaso de las acciones del 23 de febrero (Operación Cúcuta) fue de
receptividad, señala Marco Teruggi. El portavoz de Washington afirmó que
podría apelar al artículo 187 de la Constitución, que abriría la puerta
a una intervención, según dijo, “cuando llegue el momento”. El fugado y
exiliado dirigente acciondemocratista Antonio Ledezma, tuiteó: “Vamos
pdte. @jguaido solicite formalmente la intervención humanitaria”.
El
autoproclamado presidente interino, Juan Guaidó, degradado por los
medios hegemónicos a “presidente de la Asamblea Nacional” tras el
fracaso de la Operación Cúcuta, regresó al país… y no pasó nada. Ni los
veteranos líderes de la oposición se le acercaron, mientras algunos
países latinoamericanos, la socialdemocracia europea y sectores de la
iglesia buscan un diálogo entre el gobierno y la oposición, instancia
para cuya concreción Caracas puso sus condiciones.
La parte
difundida de la “nueva ruta”, calificada de “adormecedora” para que el
gobierno baje la guardia, son las anunciadas sanciones y presiones
diplomáticas, financieras y políticas de EE.UU. para conseguir el
derrocamiento del gobierno constitucional y la insistencias para que
otros gobiernos se adueñen (pirateen) los fondos venezolanos en sus
país. La idea es deteriorar permanentemente a Venezuela.
La oscuridadY
la muestra de la parte de la “hoja de ruta” con la que realmente
Washington quiere dañar no solo al gobierno sino al país, fue el ataque
cibernético al
backbone (columna vertebral) del sistema de
generación (turbinas) eléctrico de El Guri, que dejó sin luz ni
electricidad a casi toda Venezuela, y de paso también al norte de
Colombia y Brasil, que dependen de la energía venezolana.
Ya la
bélica Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) había
señalado que “la interrupción del abastecimiento energético de una
nación puede destruir la economía y el entramado social de un país de
una forma similar a una guerra, aún sin haberse disparado un solo un
tiro”.
La represa hidroeléctrica de El Guri es controlado casi
100% por sistemas robotizados de apertura/cierre de compuertas de flujo
hídrico que alimentan las turbinas generadoras de electricidad que
surten al país, con protocolos de seguridad que son de los más modernos y
seguros del mundo. Pero también existen también ciberatacantes de alta
factura, que manipularon a distancia su Centro de Control Automatizado.
Curiosamente,
el secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo, tuiteó: Las
políticas de Maduro no traen más que oscuridad, para agregar que "Sin
comida, sin medicinas, ahora sin electricidad. Próximamente, sin
Maduro". Por su parte, Guaidó tuiteó: “Venezuela tiene claro que la luz
llega con el cese de la usurpación”.
La estrategia de EE.UU. es
la de estrangular a Venezuela, económica y financieramente y para eso
exige el apoyo de sus cómplices. Las advertencia de Rusia y China,
hicieron reaparecer los fantasmas de la Crisis de los Misiles de 1962, y
la falta de respaldo total por parte de los países latinoamericanos y
caribeños. Hicieron cambiar la hoja de ruta.
Por las sanciones,
las refinerías de EE.UU. suspendieron la compra de 500,000 barriles
diarios de petróleo de Venezuela, cuota que fue absorbida por China y
principalmente por India, la que fue advertida por Washington de no
comprar crudo de Venezuela. Curiosamente, India recibió un ataque
misilístico desde Paquistán, que decidió distanciarse de EEUU y
acercarse a Rusia-China, una alianza que Washington tratará de impedir.
Antecedentes acá y aculláEste
accionar de Washington ya lo había sufrido Venezuela tras el golpe de
abril de 2002, cuando durante el llamado golpe-paro petrolero (diciembre
de 2002 a febrero de 2003 desde Miami la empresa Intesa, que
monopolizaba el “cerebro”, se manipuló el sistema que regía toda el área
operativa de la estatal petrolera Pdvsa, que fue recuperado por
expertos en software u hackers venezolanos.
BBC Mundo recuerda
que en enero de 2010, los inspectores de la Agencia Internacional de
Energía Atómica que visitaban una planta nuclear en Natanz, Irán,
notaron con desconcierto que las centrifugadoras usadas para enriquecer
uranio estaban fallando. El fenómeno se repitió cinco meses después en
el país, pero esta vez los expertos pudieron detectar la causa: un
malicioso virus informático, Stuxnet, diseñado con una mentalidad
bélica, había tomado el control de mil máquinas que participaban en la
producción de materiales nucleares y les dio instrucciones de
autodestruirse.
Esa fue la primera vez que un ataque cibernético
logró dañar la infraestructura del "mundo real". Pero el 23 de diciembre
de 2015, alrededor de la mitad de los hogares en la región ucraniana de
Ivano-Frankivsk (1,4 millones de habitantes) quedaron sin electricidad
durante horas, a causa de un “virus”(BlackEnergy) utilizado en un ataque
de hackers.
Nueva hoja de ruta El ciberataque al
que fue expuesto el sistema eléctrico trató de generar e impulsar un
caos, que justificara la aplicación de la Doctrina de la Necesidad de
Proteger. Los venezolanos pasan a ser, para los autores de esta nueva
hoja de ruta, daños colaterales en esta guerra. Frente a un modelo de
caos social, no sirve una estrategia militar, sino una estrategia
social.
La nueva hoja de ruta significa entrar en una guerra
compleja de desestabilización, con acciones bélicas encubiertas o con
aplicaciones de la guerra psicológica (las llamadas de cuarta y quinta
generación) que lleven a generar violencia, e incluso una confrontación
interna, excusa para una externa. Supone también la preparación de un
proceso de balcanización, que podría conducir a una fragmentación del
territorio.
Llega tras el fracaso de la Operación Cúcuta, donde
con el auspicio del gobierno colombiano y la dirección de Washington,
participaron grupos de guarimberos profesionales venezolanos,
paramilitares colombianos, fuerzas especiales estadounidenses, con el
concurso del inmenso aparato de terrorismo comunicacional y actores de
las grandes empresas del espectáculo y la comunicación.
Fracasó
porque no lograron vulnerar la seguridad fronteriza, defendida por
militares de la FANB, pero también por milicianos, campesinos,
trabajadores, pueblo. Fracasó porque los militares colombianos y
brasileños no están en condiciones (y tampoco de acuerdo) con una
invasión y la consecuente ocupación de la Amazonia, con temor al poder
de fuego venezolano.
La nueva hoja de ruta retoma el camino de
sabotajes y terrorismo interno, con el fin de aumentar el descontento y
el miedo entre la población (de allí el gran apagón), afectando la
distribución de alimentos y medicinas o prestación de servicios
(electricidad, agua) y buscando un golpe militar contra el gobierno de
Maduro. Pero el “goteo” de militares hacia la oposición, base de la
propaganda opositora made in usa, fracasó (por ahora, diría Chávez)
En
esta nueva hoja de ruta posiblemente estén previstos asesinatos
selectivos, en busca del cambio de la correlación interna de fuerzas del
bolivarianismo. Según la agencia noticioso-financiera Bloomberg, EEUU
desgasta a Guaidó para abrir paso a la guerra. Y obviamente, para EEUU
en estos momentos Guaidó le sirve más como mártir que como héroe.
Si
Jehová mandó la siete plagas contra Egipto para salvar al pueblo judío,
pareciera que el presidente tuitero estadounidense, autoproclamado
nuevo mesías imperial, está dispuesto a toda costa ya no a derrocar al
gobierno constitucional venezolano y erradicar el “virus” chavista, sino
también a destruir el país.
Aram Aharonian: Periodista y
comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur.
Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige
el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE,
www.estrategia.la)
http://estrategia.la/2019/03/10/caos-y-sabotajes-contra-el-pueblo-la-nueva-hoja-de-ruta-de-la-agresion-de-eeuu/